La noche estuvo incendiada de sonrisas. Los matices en los rostros de los espectadores/escuchas de la lectura del último lunes del año en el Etno (Willy y Pedro), eran variados. Sorpresa, gestos de apesadumbramiento, alguna nota de tristeza o melancolía... Eso me hizo pensar que cuando voy al Etno los lunes, me concentro exclusivamente en quien lee. Voy a aclarar, que esa concentración es exclusiva durante el tiempo de lectura, porque después ya es piedra libre y cada quien a lo suyo y a lo de todos.
Anoche me resultó divertido observar el entorno y tratar de imaginar qué es lo que están percibiendo o sintiendo los parroquianos que no son "habitués" de este tipo de reuniones.
Me concentré, y sólo porque me resultó inevitable, en un grupito de "jóvenes" inquietos, que durante toda la segunda parte de la lectura, y también mientras Aldo y Coque cantaban, no dejaron de mensajearse por los celulares, de recibir llamadas y encima charlar en susurros, que por lo menos a mí, me resulta más ruidoso que si hablaran en voz alta. Luego, una de las chicas del mismo grupo, recibió una llamada, se paró y empezó a caminar para salir del lugar a hablar (ha debido ser urgente la cosa, y admito que se portó decente), arrastrando los pies, calzados en zapatos de tacón alto, por ende generando un bullicio abominable.
No es mi afán criticar a nadie. Cada quien va donde quiere ir, el día que le da la gana, a compartir con sus amigos, como mejor le parezca, ¿o no? No vamos a ponernos a exigir demasiado, menos en un boliche pequeño como el "nuestro".
A pesar del ruido, logré captar la esencia de una lectura por demás intensa. Me gustó escuchar a Pedro leyendo a Don Jaime, y presiento que a él también le gustó, se llegó a sentir la intensidad. Ahora, si los chicos celularizados captaron algo, ya no sé.
Sólo trato de observar que nuestro público no es siempre el más educado del mundo. Y no pasa sólo en el Etno los lunes de lectura. Siempre sucede en el cine, en el teatro y hasta en la Sinfónica. Alguna vez comentamos esto mismo con Marta Monzón, coincidiendo en que la mayoría de las veces, se trata de "un público maleducado".
Imagino que a los actores, lectores, y también al repectivo público, les interesa hacer bien sus cosas: unos expresar su arte y los otros, envolverse en el momento que han elegido para dedicarse al arte, sin tener que sufrir por interrupciones abruptas que sacan de la concentración y también de las casillas a cualquiera.
Ya más tarde, justo cuando terminaron las expresiones artísticas, empezaron los brindis, con chela, brandy, los licorcitos, el Estido que tanto le gusta al Willy. Y entre medio de los tragos, la inevitable conversación, el calor de la amistad y el intercambio de un hermoso cariño que creo venimos construyendo hace cerca de un año.
Leyendo el post del Perro, me dieron ganas de escribir un poco acerca de lo mismo, pero con mis variaciones.
SALUD por los lunes, por el Pablo y la Yumi, Don Jorge, Doña Tere, Sebas, que nos tratan tan bien y nos hacen sentir en casa.
Thoughts, poetry, photos, drawings on feelings, the books I read and time - past and present, mostly. Because I don't know what the future looks like.
2007/12/18
2007/12/11
Sin tiempo

El canto del gallo
rompe la noche.
¿Quiénes somos entonces?
No hay rostros.
Sólo la carne y los huesos,
la sangre
tu saliva en mi cuerpo
mi boca en tu cuello.
Nuestras manos,
reconociendo senderos.
No sabía quién eras.
No sabías quién era yo.
¿Quiénes somos ahora?
Habitantes comunes,
presos en el tiempo,
en los relojes de arena
del fin del mundo
donde la nada se anuncia,
y sólo permanecemos los dos,
quietos,
perfectos cómplices,
antiguos guerreros.
2007/11/16
El sur del mundo
Chile Chico. Patagonia chilena. Vientos que soplan a una velocidad impresionante, dejando en la piel la sensación de flagelo y vida. La sangre corre con más fuerza por mis venas, y a pesar del frío, siento calor.
El sol no deja de brillar, la noche se impone recién a las diez. El día puede resultar bastante largo, productivo o no, y en el fondo deja mucho que pensar y también, el inevitable agotamiento, que invita a dormir después de una buena copa de vino.
El insomnio no tiene cabida en ese contexto. El cuerpo aprende que la oscuridad en esta época del año y en la región austral, tiene vida corta. Por ende, hay muy poco tiempo para adentrarse en las invitaciones usuales de la noche paceña: tragos, amigos, conversaciones interminables y el inevitable roce con las musas hiperactivas.
La inspiración para escribir, visita durante otras horas. Esa, la mejor experiencia. Casi las siete de la noche, el cielo todavía celeste. Las voces empiezan a brotar entre los arbustos, dictando historias, complementando mi vocabulario con palabras que antes no podía decir, porque no las sentía: serenidad, inmensidad, paz, silencio, amor incondicional.
La enormidad del paisaje, la presencia imponente de las montañas nevadas de la cordillera, el lago brillando en matices de turquesa y dorado... Sólo queda la conciencia de lo pequeños que somos ante la naturaleza. Y a la vez, la comprensión de que sin la capacidad de interpretación que hace el hombre de cuanto lo rodea, no podríamos convivir en este maravilloso universo.
Esos pequeños instantes de abstracción, de comprensión del mundo sentada en una piedra a la orilla de un hermoso lago, me han permitido sentirme más viva que nunca, y aprender que el silencio es esencial para escuchar y lograr la comunión perfecta desde un nivel mucho más profundo que el simple análisis concreto de la realidad.
En Chile Chico lo único que pasa es el viento, y con él, se va todo. Pude haberme ido con él. Preferí guardar sus mensajes en el lugar más profundo de mi alma.
2007/10/18
Spleen o mi versión afrancesada del ch’aqui
En Francés, spleen representa el estado de tristeza pensativa o melancolía; fue popularizado por el poeta Charles-Pierre Baudelaire (1821-1867).
Similar a la tristeza, aunque este estado es más profundo. Se produce en capas del alma, por lo que deja de ser sólo un sentimiento o un trance psicológico.
Aparece después de noches de intoxicación, ya sea de drogas, sexo o alcohol. También tras la saturación que nace del bullicio ensordecedor del seseo de las voces que hablan en secreto.
Sucede en medio de una reflexión profunda e inmediata; se instala en la cabeza justo cuando te das cuenta de que te han secuestrado (despiertas en un sillón que no te es para nada familiar); o que tu hogar se ha convertido en “casa tomada” por mentes y cuerpos alcoholizados.
Ahí, el spleen punza, fuerte y sin piedad y llega hasta el pecho, te deja un segundo sin respirar y se acomoda entre las costillas para atormentarte días de días, mientras te hace recuerdo que por ahí eres una imbécil por andar bebiendo o fumando así. O te pones a pensar en que hubiera sido mejor si es que te hacías a la de la vista gorda y dejabas quieto el último ron que te tomaste.
Además, viene acompañado de otras cosas: extrañitis aguda, ganas de que te mimen. Necesidad de un abrazo interminable. Deseo profundo de hablar o ver a otra persona (pero te sientes tan mal, que mejor no). O, te llena de emocionalidades extrañas y melancolías que no conocías.
Te hunde en algún libro, o en una nueva botella, jale o porro. Te quiebra en mil pedazos y después cuesta muchísimo volver a construirte. Y hay que buscar los pedazos, como quien busca la ropa que quedó desparramada por ahí en tu casa.
Después de dos días y medio, absolutamente sórdidos, tu alma regresa a ocuparte, suavemente, luego de haber estado en algún paraje más sano que tu cuerpo.
A partir de entonces, todo recobra sentido. Te da hambre otra vez, de cosas sanas, de fruta; y sed de agua. Nace nuevamente la promesa de no chupar nunca más, te acomodas la moral (si es que se desacomodó) y sigues hasta la próxima vez que se te abre la tripa o que te secuestran “a tus espaldas”.
Similar a la tristeza, aunque este estado es más profundo. Se produce en capas del alma, por lo que deja de ser sólo un sentimiento o un trance psicológico.
Aparece después de noches de intoxicación, ya sea de drogas, sexo o alcohol. También tras la saturación que nace del bullicio ensordecedor del seseo de las voces que hablan en secreto.
Sucede en medio de una reflexión profunda e inmediata; se instala en la cabeza justo cuando te das cuenta de que te han secuestrado (despiertas en un sillón que no te es para nada familiar); o que tu hogar se ha convertido en “casa tomada” por mentes y cuerpos alcoholizados.
Ahí, el spleen punza, fuerte y sin piedad y llega hasta el pecho, te deja un segundo sin respirar y se acomoda entre las costillas para atormentarte días de días, mientras te hace recuerdo que por ahí eres una imbécil por andar bebiendo o fumando así. O te pones a pensar en que hubiera sido mejor si es que te hacías a la de la vista gorda y dejabas quieto el último ron que te tomaste.
Además, viene acompañado de otras cosas: extrañitis aguda, ganas de que te mimen. Necesidad de un abrazo interminable. Deseo profundo de hablar o ver a otra persona (pero te sientes tan mal, que mejor no). O, te llena de emocionalidades extrañas y melancolías que no conocías.
Te hunde en algún libro, o en una nueva botella, jale o porro. Te quiebra en mil pedazos y después cuesta muchísimo volver a construirte. Y hay que buscar los pedazos, como quien busca la ropa que quedó desparramada por ahí en tu casa.
Después de dos días y medio, absolutamente sórdidos, tu alma regresa a ocuparte, suavemente, luego de haber estado en algún paraje más sano que tu cuerpo.
A partir de entonces, todo recobra sentido. Te da hambre otra vez, de cosas sanas, de fruta; y sed de agua. Nace nuevamente la promesa de no chupar nunca más, te acomodas la moral (si es que se desacomodó) y sigues hasta la próxima vez que se te abre la tripa o que te secuestran “a tus espaldas”.
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